¿Cómo llegamos a ser capaces de leer la mente de los demás?

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Cuando vemos a una madre mirando a su bebé, no nos resulta difícil imaginar lo que estará pensando. En condiciones normales,tampoco tendremos dificultad en estar prácticamente seguros de lo que pensará un hombre al que apuntan con un arma. En general, los seres humanos adultos solemos ser razonablemente competentes para comprender otras mentes, la tendencia natural de “leer la mente de los demás” nos ayuda a entender la conducta de los otros, a anticiparla y a coordinarla de forma coherente con nuestra propia conducta. Nos ayuda a organizar el mundo y a vivir en él.Pero no disponemos de esta capacidad al completo desde el nacimiento: la evolución de la comprensión,por parte del niño,de la mente de otros,va relacionada con el desarrollo neuronal infantil, y en paralelo con la socialización.

La habilidad para comprender y predecir la conducta de otras personas, sus conocimientos, sus intenciones y sus creencias, se ha denominado Teoría de la Mente (ToM). Ésta no se refiere a una teoría en el sentido de hipótesis, sino a una capacidad cognitiva con la que hacemos referencia a cómo un sistema cognitivo logra conocer los contenidos de otro sistema cognitivo diferente de aquel con el que se lleva a cabo dicho conocimiento.Si bien, así dicho, estamos hablando de un cajón de sastre donde se recogen diferentes aspectos metacognitivos como la interpretación de emociones básicas, la capacidad de captar el discurso metafórico, las mentiras o la ironía, la posibilidad de interpretar emociones sociales complejas a través de la mirada o la empatía, es decir, distintos niveles de complejidad diferenciados dentro de un mismo concepto. De forma resumida podemos afirmar que la cognición social recoge tres aspectos fundamentales:

– La percepción de las expresiones emocionales.

– La línea inspirada en la primatología y en el estudio del autismo que ha centrado sus investigaciones en la capacidad para atribuir deseos, intenciones y creencias a otros.

– La relacionada con la empatía que trata de explicar aspectos cognitivos y emocionales que nos permiten ‘ponernos en el lugar del otro’ y que se centrarían en pruebas como los dilemas morales.

Los investigadores han diseñado diversas tareas experimentales, con el objetivo de estudiar de la forma más precisa cada uno de los momentos evolutivos en los que se adquieren las competencias necesarias para la comprensión de la mente, tanto propia como la de los demás.Una de las áreas más estudiadas de entre las mencionadas anteriormente es la segunda, donde han descubierto que a la edad de 3-4 años como regla general se desarrolla la habilidad de entender que los demás pueden tener falsas creencias, mientras que entre los 6 y los 7 años ya es posible entender las representaciones mentales de los otros y atribuir falsas creencias a los demás. No obstante, debido a la complejidad del sistema de cognición social, y a las diversas áreas del cerebro implicadas en él, sabemos que hasta el final de la adolescencia no se termina de configurar el puzzle que integra el cerebro de una persona competente en cognición social.

El origen del concepto de ToM se encuentra en los estudios pioneros de Premack y Wuoodruf (1978), cuando intentaron demostrar que los chimpancés podían comprender la mente humana. En el experimento de estos investigadores con un chimpancé de su laboratorio,(o sea, en contacto habitual con humanos), le mostraron a éste un vídeo en el que se veía a alguno de sus cuidadores, encerrado en una jaula, intentando coger un plátano que, en un caso, estaba colgando por encima del techo de la jaula y, en otro, estaba en el suelo pero siempre fuera del alcance de la persona enjaulada. La persona disponía de instrumentos para conseguir su objetivo: una banqueta para encaramarse, un palo manipulable a través de los barrotes, etc. En el instante en que el humano iniciaba la acción instrumental directa que podía llevarle a su objetivo, los experimentadores fijaban la imagen y mostraban al chimpancé dos fotografías, una de ellas con la solución correcta (que, en el caso de los plátanos fuera de la jaula, mostraba la imagen del ser humano asiendo un palo largo y sacándolo entre las rejas para acceder a la fruta). La chimpancé Sarah acertó 21 veces sobre 24. Después de varias sesiones experimentales y contraexperimentales, Premack y Woodruf interpretaron que, de alguna manera, el animal es capaz de atribuir al actor humano estados mentales como la intención y el conocimiento. En concreto, sostienen que el chimpancé ‘supone’ que el actor humano ‘desea’ conseguir el plátano y ‘sabe’ cómo hacerlo. El chimpancé, concluyen, posee una ‘ToM’.Extrapolando a los humanos lo encontrado en Sarah, la deducción planteada fue la siguiente: “un sujeto tiene teoría de la mente cuando es capaz de atribuir estados mentales a los demás y a sí mismo”.
Desde la etología se ha estudiado cómo los animales son capaces de planear sus acciones en beneficio de la comunidad social o utilizar estrategias para engañar al enemigo. Cooperar y también competir con los congéneres requiere, en cierto modo, explorar, anticipar y manipular el comportamiento ajeno. Ello implica una habilidad cognitiva –rudimentaria en el caso de los antropoides– de acceso o reconocimiento del estado mental del otro, posiblemente desarrollada como ventaja evolutiva en las especies sociales.

Por otro lado, Astington, (1993) postula que el descubrimiento de la mente por el niño significa el hacerse consciente de que las personas, incluido él mismo, tienen mente y dentro de los estados o elementos de esa mente están las creencias, deseos, sentimientos, pensamientos, con base en los cuales realizan sus acciones.Las investigaciones acerca de la “teoría de la mente” en los niños, señalan la edad entre los 3 y 5 años de vida como trascendental en el desarrollo cognitivo, social y emocional del sujeto, dado que a esta edad se adquiere la habilidad de reflexionar y comprender los comportamientos, intenciones, pensamientos y sentimientos de los demás. Según Abe e Izard (1999) en este rango de edad se dan 5 hitos evolutivos, estos son:

1. Creciente sentido de autoconciencia, que se manifiesta a través de la expresión de emociones negativas (ira, enfado), de conductas desafiantes y oposicionales, etc.

2. Incremento en la habilidad infantil de comprender a los demás, distinguir entre su propio yo y el de los demás.

3. Creciente sensibilidad hacia las normas sociales y morales.

4. Emergencia de formas rudimentarias de emociones auto-evaluativas, como la culpa, vergüenza, orgullo, etc.

Los datos actuales parecen indicar que entre los 4 y 5 años los niños desarrollan un sistema conceptual completo que utilizan para dar razón de su propia conducta y de la ajena y que incluye la noción básica de creencia falsa.

Pero ¿cómo llegan los investigadores a éstas conclusiones?La teoría de la mente es susceptible de evaluarse mediante una gran variedad de tareas. Para resumir, las podemos dividir en tres grupos:

– Tareas clásicas, o las primeras tareas que se utilizaron para evaluar la teoría de la mente: la tarea de falsa creencia de primer y de segundo orden.Un ejemplo de tarea de falsa creencia de primer orden fue creada por Baron-Cohen et al., quienes idearon un test denominado tarea de Sally y Ana. En este test, el niño ve a Sally que esconde una canica en su cesta y se va; a continuación, Ana cambia la canica a su propia cesta. Al niño se le hacen preguntas de control de la memoria y la pregunta clave del test, que es ‘¿Dónde buscará Sally la canica cuando vuelva?’. La mayor parte de los niños normales de 4 años, así como el 86% de un grupo de niños con síndrome de Down, contestaron correctamente que Sally miraría en la cesta ya que creería, de modo equivocado, que la canica estaría allí. Sin embargo, encontraron que el 80% de su muestra de niños con autismo contestó incorrectamente: que Sally miraría en la caja donde está realmente la canica.Los niños con autismo fracasaban en su ejecución, incluso los que presentaban un cociente intelectual normal. Se consideró que este descubrimiento era la evidencia de un déficit específico del autismo, el pensar sobre pensamientos del otro, esto es, ‘mentalizar’.Posteriormente, numerosos estudios han confirmado y extendido estos resultados.

– Ampliaciones posteriores: se incluyen las tareas que miden emociones secundarias por transgresión de normas socio-convencionales y morales y las historias extrañas de Happé, que evaluarían la comprensión de la ironía, mentira y mentira piadosa mediante una serie de viñetas cuyos personajes son niños.

– Tareas en las cuales se evalúan emociones secundarias así como emociones primarias y primarias paradójicas.

– También se pueden utilizar los cuentos tradicionales ya que son buenos indicadores en la medición de teoría de la mente.
Los ejemplos de tareas experimentales son amplios e interesantes, por lo que los expondremos más adelante en un nuevo post específico para ellos.

Adicionalmente, desde la década de los 90, se ha comenzado a usar la tecnología para explorar estos descubrimientos. En concreto, la neurocientífica cognitiva del MIT Rebecca Saxe, utiliza imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) para escanear cerebros de niños de diferentes edades mientras están realizando tareas cognitivas con “tests de falsas creencias”. Así ha descubierto que hay una región específica del cerebro para llevar a cabo estas tareas: se halla en el neocórtex justo detrás de nuestra oreja derecha, está implicada directamente en la interpretación de los pensamientos internos de otras personas, y no desarrolla respuesta a ningún otro tipo de problema lógico. Es decir, es un área especializada en intentar comprender qué pasa por la mente de alguien que mira un cuadro, nos habla con tono sospechoso, o planea una jugada en el ajedrez. El área se llama Right Temporoparietal Junction (rTPJ), y Rebecca Saxe demostró que se va desarrollando y especializando durante la infancia y adolescencia.
Pero no sólo eso; en personas adultas, la actividad en la rTPJ parece estar correlacionada con una mayor o menor facilidad para interpretar la mente de los demás. Teniendo en cuenta que dicha capacidad de leer la mente de otros está relacionada con los juicios morales que emitimos sobre sus acciones, el equipo de Rebecca Saxe diseñó una serie de experimentos para poner a prueba su hipótesis.
En el vídeo a continuación, Rebecca Saxe comparte su fascinante trabajo de investigación donde descubre cómo el cerebro genera pensamientos acerca de los pensamientos de otros y juzga sus actos. Como concluye, podemos manipular el cerebro para disminuir nuestra capacidad de utilizar estados mentales en la elaboración de juicios morales.
Cierto que suena alarmante, pero el impacto es relativamente. menor según cómo interpretemos los datos. La correlación observada es que nuestros pensamientos son en última instancia fruto de la actividad del cerebro. Pero los investigadores Saxe y Young reconocen que los cambios son pequeños en la escala de juicios morales, aún así, resulta interesantísimo para investigar el procesamiento mental de los autistas y para avanzar en la comprensión del funcionamiento de nuestro cerebro.

https://embed-ssl.ted.com/talks/rebecca_saxe_how_brains_make_moral_judgments.html

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