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Cómo el juego estimula el desarrollo cognitivo y el aprendizaje en los niños

El juego es una actividad humana universal que ha estado presente en todas las sociedades a lo largo de la historia de la humanidad, como prueban restos arqueológicos desde hace miles de años. También los animales juegan, de hecho, del juego libre infantil es muy parecido a lo que se da en el reino animal, lo que sugiere un origen evolutivo de la actividad de jugar.

El autor de «The Genesis of Animal Play», Gordon M. Burghatr, dedicó dieciocho años a observar la conducta lúdica de los animales con el objetivo de establecer una definición del juego. Llegó a la conclusión de que el juego, para ser considerado como tal, debe ser repetitivo (no casual ni ocasional), voluntario y darse en un medio relajado. También concluyó que ni los animales ni los niños juegan cuando están mal alimentados o estresados.
Éste y otros extensos estudios sobre el juego animal apuntan que la función del juego puede ser construir un cerebro prosocial que pueda interactuar efectivamente con los demás, y a su vez sugieren que el juego tiene beneficios para el desarrollo.

¿Qué es el juego?

El juego es el trabajo de la infancia

Múltiples estudios de investigación confirman esta aseveración de Piaget. Los niños gastan entre el tres y el veinte por ciento de su tiempo y energía jugando; y esto aumenta después de periodos de privación de oportunidades de juego. Es decir, que si los niños pasan tiempo sin poder jugar, después lo harán con mucha mayor dedicación.

Hay consenso entre los investigadores en cuanto a las características del juego:

  • Es una actividad intrínsecamente motivada
  • Es voluntario, divertido y a menudo espontáneo
  • Está focalizado en el medio y no en la finalidad (lo que importa es el proceso del juego y no la creación de un resultado final)
  • Es flexible (los objetos y personas se colocan en diferentes combinaciones o adoptan distintos roles)
  • Involucra emociones positivas (los niños generalmente sonríen, se ríen y manifiestan que lo disfrutan).

Estos criterios distinguen el juego de la exploración (proceso por el que un niño se familiariza con un nuevo objeto o ambiente que después puede conducir al juego), el trabajo (que tiene un objetivo definido) y los juegos estructurados (actividades más organizadas en las que hay un objetivo, normalmente ganar).

En la secuencia evolutiva del desarrollo infantil, el juego libre y desestructurado es más frecuente en niños de 2 a 6 años, mientras que los juegos con reglas son más comunes después de los 6 años.

Se suele ver a los niños activamente implicados e incluso absortos en el juego; esto construye habilidades de funcionamiento ejecutivo y contribuye a la preparación para su aprendizaje escolar.

Dependiendo de la cultura y de las oportunidades que los adultos pongan a su disposición en su contexto, los niños aprenden diferentes habilidades a través del juego.

Tipos de juegos y juguetes y sus beneficios

Los investigadores han identificado varios subtipos de juego y sus respectivos beneficios:

El juego locomotor

Referente al juego donde los niños ejercitan la motricidad gruesa (correr, escalar, etc.), implica una gran actividad física y en general se considera muy importante para desarrollar la fuerza de los músculos, la resistencia y la habilidad. El juego de ejercicio aumenta desde el gateo de los bebés hasta niños en edad preescolar llegando a su máximo en los primeros años escolares, cuando las bases neuronales y musculares de la coordinación física y el crecimiento sano son esenciales y un juego físico vigoroso ofrece oportunidades para ello. Más adelante este tipo de juego disminuye.

Hay evidencia de que los descansos activos que incluyan actividades como jugar en un parque (los recreos en el centro escolar, o jugar en el parque a la hora de la merienda,por ejemplo) pueden ayudar a los niños a tener mayor concentración en tareas cognitivas sedentarias posteriores.

El juego con objetos

Se refiere al uso lúdico de objetos como bloques para encajar, rompecabezas, muñecas, vehículos, etc. En los bebes, este juego consiste básicamente en aprehender los juguetes con sus manos, llevarlos a la boca y lanzarlos lejos. En los niños pequeños es tanto la manipulación de los objetos (ej. encajar fichas), como la construcción de otros o la consecución de un resultado final (por ejemplo, vestir a las muñecas, realizar figuras de papel o producciones artísticas).

En los últimos años, se han desarrollado juguetes que enfatizan tanto la faceta creativa del juego como la motricidad fina; por ejemplo las mesas de luz son objetos que permiten tanto el juego manipulativo como la creación artística y la estimulación de los sentidos del niño.
Por otro lado, los videojuegos también podrían englobarse en esta categoría de juegos con objetos, si bien sus beneficios a nivel cognitivo son en la actualidad polémicos, más allá de las habilidades visoespaciales que suelen desarrollar los niños que juegan con ellos.

El juego con objetos les permite a los niños intentar nuevas combinaciones de acciones, sin una restricción externa y les puede ayudar a desarrollar habilidades de resolución de problemas. Los beneficios más marcados son para el pensamiento autónomo y creativo.

Juego de lenguaje

Alrededor de los dos años de edad, los niños tienden a hablarse a sí mismos antes de ir a dormir o al despertar, de una forma lúdica, con repetición y frecuentemente risas. Entre los tres y cuatro años, comienza el interés de los niños por el uso humorístico del lenguaje (rimas, canciones y adivinanzas).

Las habilidades fonológicas del lenguaje (el habla y los sonidos), el vocabulario y el significado (semántica), la gramática (sintaxis) y la pragmática (la utilización correcta del lenguaje en situaciones sociales) se desarrollan rápidamente en los años preescolares, siempre que exista un entorno alrededor del niño que estimule adecuadamente el uso del lenguaje. Algunas habilidades fonológicas se desarrollan en los monólogos solitarios cuando los niños se hablan a sí mismos, otras mediante la repetición de canciones y rimas, si bien la mayoría de los beneficios del aprendizaje del lenguaje se dan en el juego sociodramático.

El juego social

Hace referencia a interacciones basadas en el juego entre el niño y sus padres o cuidadores y entre el niño y sus iguales. El juego social aumenta drásticamente desde los dos hasta los seis años. Al principio jugar con un sólo compañero puede ser suficientemente complejo, pero hacia a los 3 o 4 años un grupo de juego puede constar de tres o más participantes a medida que los niños adquieren habilidades de interacción social y pautas de comportamientos sociales.

El juego paralelo, común en los niños de dos y tres años, se da cuando los niños juegan cerca de los otros sin mucha interacción. Hay un tipo de juego que es solitario. Este tipo de juego puede ser físico, incorporar objetos o lenguaje, ser imaginativo o incluir todos estos aspectos.

El juego brusco, incluyendo juego de pelea y persecución, puede parecer una pelea real, pero en el juego de pelea los niños se ríen a menudo, los golpes y patadas son suaves o sin contacto y usualmente se realiza con los con amigos.

Las oportunidades para el compromiso entre iguales a través del juego fomentan la capacidad de negociación. El juego entre iguales generalmente involucra la resolución de problemas sobre las reglas del juego, lo que requiere negociación y cooperación. A través de estos encuentros, los niños aprenden a usar un lenguaje más sofisticado cuando juegan con sus compañeros.

El juego imaginativo

Implica fingir que un objeto o una acción es algo diferente a lo que realmente es (un plátano que se utiliza como un teléfono, por ejemplo). Este tipo de juego se desarrolla desde los 15 meses con acciones sencillas como hacerse el dormido, o poner a un muñeco a dormir, convirtiéndose paulatinamente en secuencias más largas y en juego de roles.

El juego socio-dramático, común desde los 3 años, es el juego imaginativo que incluye a otros, mantener varios roles y una línea narrativa. Puede ayudar a los niños a entender las intenciones del otro, construcciones más sofisticadas de lenguaje y el desarrollo de una historia intrincada y nueva para el niño. Los niños negocian significados y los roles (tú serás la mamá y yo el papá) y discuten sobre los comportamientos adecuados (“No, la comida no se da al bebé así»).

Se han propuesto muchas funciones de aprendizaje para el juego imaginativo y especialmente para el juego sociodramático. Una hipótesis es que es útil para el desarrollo de habilidades para la lectoescritura, ya que la estructura narrativa de las secuencias del juego sociodramático refleja la secuencia narrativa de los libros. Para lograr estos beneficios, es útil algo de estructura por parte de los adultos (para mantener una historia, tener materiales adecuados como libros, letras de plástico, etc.).

Otra hipótesis plantea que el juego imaginativo aumenta la seguridad emocional. Un niño que está emocionalmente afectado por algo, por ejemplo una pelea entre sus padres o la enfermedad o muerte de algún familiar, puede tratar la ansiedad al actuar estas situaciones en el juego imaginativo con muñecas, por ejemplo. Los terapeutas de juego usan este tipo de técnicas para ayudar a entender la ansiedad de los niños; y la mayoría de ellos consideran que esto le puede ayudar al niño a resolver sus problemas.

Una hipótesis relativamente reciente es que el juego imaginativo mejora el desarrollo de la teoría de la mente. La habilidad de la teoría de la mente significa ser capaz de entender (representar) el conocimiento y las creencias de los otros; esto es, entender que otras personas pueden tener una creencia o conocimiento diferente del mío. Esto no ocurre hasta los tres o cuatro años. La interacción social con compañeros de la misma edad parece ser importante para esto, y el juego imaginativo social (con hermanos o pares) puede ser especialmente útil debido a que los niños negocian diferentes roles y comprenden que cada rol implica un comportamiento diferente.

Efectos del juego sobre la estructura y el funcionamiento del cerebro

El juego no es, tal como parece, una actividad meramente frívola: implica la construcción del cerebro.

Se ha demostrado que el juego tiene efectos directos e indirectos sobre la estructura y el funcionamiento del cerebro. El juego conduce a cambios cerebrales a nivel celular (conectividad neuronal) y conductual (habilidades de funcionamiento socioemocional y ejecutivo) que promueven el aprendizaje y el comportamiento adaptativo y prosocial.

Aunque la mayor parte de la investigación sobre la estructura y el funcionamiento del cerebro se ha realizado con ratas y no se puede extrapolar directamente a los humanos, sí que hay algunos hallazgos que parecen comunes y están dando lugar a nuevas investigaciones en humanos mediante resonancia magnética funcional:

Jaak Panksepp, neurocientífico y psicólogo, que ha estudiado exhaustivamente la base neurológica de la emoción en animales, sugiere que el juego es uno de siete sistemas emocionales innatos en el cerebro medio. A las ratas les encanta jugar bruscamente y producir un sonido distintivo que Panksepp denomina como “risa de rata”. Cuando las ratas son jóvenes, el juego parece iniciar cambios duraderos en áreas del cerebro que se utilizan para pensar y procesar la interacción social.

El factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) es un miembro de la familia de neurotrofinas de los factores de crecimiento que actúa para apoyar la supervivencia de las neuronas existentes y fomentar el crecimiento y la diferenciación de nuevas neuronas y sinapsis. Se sabe que es importante para la memoria a largo plazo y el aprendizaje social.
El juego estimula la producción de BDNF en la amígdala, la corteza frontal dorsolateral y el hipocampo de las ratas. Por el contrario, la adversidad, la depresión y el estrés de las crías de rata parecen dar como resultado la metilación y la regulación negativa del gen BDNF.

Las ratas privadas de juego como cachorros (mantenidas en jaulas dispersas sin juguetes)fueron menos competentes para resolver problemas más adelante; lo que sugiere que a través del juego, los animales aprenden a probar cosas nuevas y desarrollan flexibilidad conductual..
Los cachorros de rata que estuvieron aislados durante los períodos pico de juego después del nacimiento (semanas 4 y 5) se mostraron mucho menos activos socialmente cuando se encontraron con otras ratas más adelante en la vida.
Las ratas que se criaron en jaulas experimentales llenas de juguetes tenían cerebros más grandes y cortezas cerebrales más gruesas y laberintos completados más rápidamente.

Los neurotransmisores cerebrales, como la dopamina, también están relacionados con la calidad de recompensa del juego: los medicamentos que activan los receptores de la dopamina aumentan el comportamiento de juego en las ratas.

El juego y el estrés están estrechamente relacionados. Las altas cantidades de juego se asocian con niveles bajos de cortisol, lo que sugiere que el juego reduce el estrés o que los animales que no se estresan juegan más.

El juego también activa la norepinefrina, lo que facilita el aprendizaje en las sinapsis y mejora la plasticidad cerebral. El juego, especialmente cuando va acompañado de cuidados, puede afectar indirectamente el funcionamiento del cerebro al modular o amortiguar la adversidad y al reducir el estrés tóxico a niveles que son más compatibles con el afrontamiento y la resiliencia.

En los niños humanos, el juego generalmente aumenta la curiosidad, lo que facilita la memoria y el aprendizaje. Durante los estados de gran curiosidad, los resultados funcionales de resonancia magnética MRI mostraron una actividad mejorada en humanos sanos de unos 20 años en el cerebro medio y núcleo accumbens y conectividad funcional del hipocampo, que solidifica las conexiones entre la motivación intrínseca y el aprendizaje dependiente del hipocampo.

El juego puede servir como un amortiguador eficaz para el estrés tóxico

Jugar ayuda a los niños a lidiar con el estrés. En un experimento, cuando los niños de 3 a 4 años que estaban ansiosos debido a su ingreso en preescolar fueron asignados aleatoriamente para jugar con juguetes o compañeros durante 15 minutos en comparación con escuchar a un maestro leyendo una historia, el grupo de juego mostró una disminución doble de la ansiedad después de la intervención.

En otro estudio, niños en edad preescolar con comportamiento perturbador que se relacionaron con los maestros en una sesión de 1 a 1 de un año diseñada para fomentar relaciones de juego afectuosas (permitir que los niños lideren, narrar el comportamiento de los niños y hablar sobre las emociones de los niños mientras jugaban) mostraron niveles reducidos de estrés en cortisol salival durante el día y un comportamiento mejorado en comparación con los niños del grupo control.

Beneficios del juego

Los beneficios del juego son amplios y se encuentran bien documentados. Incluyen mejoras en el funcionamiento ejecutivo, el lenguaje, las habilidades matemáticas tempranas (concepto de número y conceptos espaciales), el desarrollo social, las relaciones entre iguales, el desarrollo físico y la salud.

Panksepp sugirió incluso que la privación del juego puede estar asociada con la creciente prevalencia del trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

Stwart Brown, psiquiatra de la universidad de Houston, ha estudiado durante más de cuarenta años las implicaciones de la privación de juego, entrevistando a unas 6000 personas acerca de su infancia: concluyendo que la falta de oportunidades para jugar de forma desetructurada e imaginativa puede impedir que los niños crezcan felices e integrados. Del mismo modo, el juego libre puede ser crucial para que una persona se convierta en un adulto socialmente competente, aprenda a manejar el estrés y desarrolle habilidades cognitivas tales como la resolución de problemas.

Anthony D. Pellegrinni, psicólogo educativo de la universidad de Minesota, afirma que el juego libre, al permitir reacciones creativas (ya que no tiene reglas) favorece un estímulo mayor para el desarrollo cerebral que si se siguen reglas predeterminadas; puesto que en este tipo de juego los niños utilizan la imaginación y prueban nuevos roles y diferentes actividades.

Autorregulación cognitiva y emocional

El funcionamiento ejecutivo, que se describe como el proceso de regular la propia conducta y el aprendizaje, es un beneficio central del juego y se puede caracterizar por tres dimensiones:

  • Flexibilidad cognitiva
  • Control inhibitorio
  • Memoria de trabajo

En conjunto, estas dimensiones permiten una atención sostenida, el filtrado de detalles que distraen, una mejor autorregulación y autocontrol, una mejor resolución de problemas y flexibilidad mental. El funcionamiento ejecutivo ayuda a los niños, por ejemplo, a cambiar de marcha y pasar de una actividad placentera a otra menos divertida.

Los ensayos aleatorios de juego físico en niños de 7 a 9 años revelaron una inhibición atencional mejorada, flexibilidad cognitiva y funcionamiento cerebral que eran indicativos de control ejecutivo mejorado.

El juego de simulación fomenta la autorregulación porque los niños deben colaborar en el entorno imaginario y aceptar fingir y ajustarse a los roles, lo que mejora su capacidad para razonar sobre eventos hipotéticos.

El desarrollo de la corteza prefrontal (PFC) y el funcionamiento ejecutivo equilibra y modera la impulsividad, la emotividad y la agresión de la amígdala. En presencia de la adversidad, el papel del juego se vuelve aún más importante ya que, por ejemplo, la alegría y la sintonía compartida que los padres e hijos pueden experimentar durante el juego regula la respuesta al estrés del cuerpo.

Por lo tanto, el juego puede ser un antídoto efectivo contra el cambios en el tamaño de la amígdala, impulsividad, agresión y emoción incontrolada que resultan de la adversidad infantil y el estrés tóxico significativos, aunque es necesario seguir investigando para aclarar los mecanismos de esta asociación.

Desarrollo de las habilidades de aprendizaje

Jugar en una variedad de formas (juego físico activo, juego de simulación y jugar con juguetes tradicionales, clasificadores de formas y mesas de luz, (en lugar de juguetes digitales pasivos) mejora las habilidades de los niños.
El juego con juguetes tradicionales se ha asociado con una mayor calidad y cantidad de lenguaje en comparación con el juego con juguetes electrónicos.

Hay evidencia creciente que sugiere que el juego proporciona al niño un contexto para aprender y mejorar sus habilidades de lectoescritura. Esto se debe a los procesos cognitivos (resolución de problemas, visualización, y categorización) involucrados en las situaciones lúdicas. Los niños que participan en el juego sociodramático suelen estar mejor preparados para entender la narrativa en un libro o una historia, debido en parte a su experiencia previa de entender las intenciones de los demás y representar diferentes personajes, así como a su exposición constante a un lenguaje sofisticado.

Como hemos visto, los periodos de juego libre y juego guiado también están asociados al desarrollo de habilidades de la función ejecutiva (ej., habilidades asociadas a la resolución de problemas, atención e inhibición), lo que explica por qué los niños que juegan con regularidad tienden a obtener mejores resultados en matemáticas y lectura que aquellos que no tienen tantas oportunidades de jugar.

Bienestar físico y psicológico

El ejercicio no solo promueve el peso saludable y la aptitud cardiovascular, sino que también puede mejorar la eficacia del sistema inmunitario, endocrino y cardiovascular. La actividad física se asocia con disminuciones en la concurrencia síntomas depresivos.

El juego disminuye el estrés, la fatiga, las lesiones y la depresión y aumenta el rango de movimiento, la agilidad, la coordinación, el equilibrio y la flexibilidad. Los niños prestan más atención a las clases después del juego libre durante el recreo que después de los programas de educación física, que están más estructurados.

El juego es, por lo tanto, esencial para el funcionamiento ejecutivo del cerebro y el aprendizaje en la escuela. También podría desempeñar un papel importante en la preparación de las habilidades que necesitarán los niños para el mundo fuera del aula. Los líderes empresariales sugieren que en la era del conocimiento, el éxito dependerá de que los niños tengan un kit de herramientas lleno de habilidades que incluyan: colaboración (trabajo en equipo, competencias sociales), contenido (lectura, matemática, ciencia, historia), comunicación (escrita y verbal), innovación creativa y confianza (tomar riesgos y aprender del fracaso). Cada una de estas “cinco Cs” tiene como base en gran parte el aprendizaje lúdico.

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