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Qué hacer ante un bloqueo mental

Barbara Arrowsmith era una niña que encontraba grandes dificultades para aprender: problemas con todas las actividades que implicasen abstracción, orientación espacial, y con las percepciones correspondientes al lado izquierdo de su cuerpo. Le diagnosticaron un “bloqueo mental” y auguraron que tendría que “aprender a vivir con sus discapacidades”

 

Aunque nuestro cerebro pese un máximo de 1.500 gramos, está formado por unos 11 billones de células nerviosas especializadas, las neuronas, que reciben procesan y transmiten señales electroquímicas de las que dependen todas nuestras sensaciones, acciones, emociones y pensamientos.

Hoy sabemos que esta compleja red neuronal humana ha evolucionado, por razones adaptativas, desde formas más simples hasta que un cerebro humano sea capaz de formar una cantidad estimada de 10¹5 sinapsis; y esto no sólo se debe a nuestra constitución genética, sino sobre todo y fundamentalmente a la experiencia: numerosas investigaciones desde los años 50 del siglo XX,  han puesto de manifiesto que el desarrollo normal del cerebro depende de una crítica interacción entre la herencia genética y la experiencia, donde el genoma proporciona la estructura general del sistema nervioso, mientras que la actividad enriquecida de este sistema y su estimulación sensorial proporcionan información de retorno (feedback) mediante la cual nuestro sistema nervioso es ajustado (fine tunning) y preparado para seguir funcionando.

Este proceso por el cual las sinapsis neuronales van cambiando hasta modificar literalmente la forma y función de nuestro cerebro, ha sido ampliamente estudiado hasta la actualidad y se conoce como plasticidad cerebral.

En 1957, Barbara Arrowsmith era una niña que encontraba grandes dificultades para aprender: problemas con todas las actividades que implicasen abstracción, orientación espacial, y con las percepciones correspondientes al lado izquierdo de su cuerpo. Le diagnosticaron un “bloqueo mental” y auguraron que tendría que “aprender a vivir con sus discapacidades”. Hoy no sólo ha conseguido superar estas dificultades, sino que es creadora de una escuela y un programa de estimulación cognitiva basado en los principios de la plasticidad cerebral.

Entonces, a los 25 años, en 1977, supe el origen de mi problema. Era una parte de mi cerebro en el hemisferio izquierdo que no funcionaba. Luego me encontré con el trabajo de Mark Rosenzweig, que me mostró una solución.
Rosenzweig había trabajado con ratas y hallado que las ratas en un ambiente estimulante y enriquecedor aprendían mejor. Entonces observó sus cerebros habían cambiado fisiológicamente para favorecer ese aprendizaje. Esto era la neuroplasticidad en acción.
Ahora sabía qué tenía que hacer: tenía que encontrar la forma de ejercitar mi cerebro,fortalecer esas partes débiles.
Ese fue el principio de mi transformación y del trabajo de mi vida.

Ésta es su historia, la historia de cómo todos podemos cambiar nuestro cerebro:

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